ESCUCHA A TU CUERPO

El precio de no escuchar a tu cuerpo

Hola Mujer consciente…

Hoy quiero contarte, entre otras cosas, que, el precio de no escuchar a tu cuerpo va más allá de la enfermedad y se exporta también a tu espacio laboral. Cuando una persona no escucha a su cuerpo y los procesos que éste le transmite por medio de emociones y sentimientos, va a ser presa de puestos laborales donde no se tenga en cuenta ‘para nada’ su forma de pensar/procesar.  La persona que no escucha a su cuerpo está condenada a obedecer sin rechistar. Además, evolucionar a puestos de cierta autonomía será un imposible o a costa de mucho esfuerzo.

Cualquier problema o conflicto en el que te ves envuelt@ en el plano laboral es una metáfora de tus necesidades evolutivas, en el plano personal y humano, no escuchadas.

La voz del síntoma

Si conoces mis escritos, quizás ya sepas que la enfermedad es una metáfora de las necesidades físicas y emocionales de tu cuerpo que no escuchaste. Hoy he pensado que sería positivo compartir contigo los apuntes que he tomado de la lectura del libro ‘La Voz del síntoma’ de Adriana Schanake. Autora también del libro ‘Los diálogos del cuerpo’.  Sin embargo, no recomiendo su lectura a todo el mundo.

Pese a coincidir con la autora en el enfoque sobre el sistema sanitario y especialmente en la NECESIDAD IMPERIOSA de escuchar al cuerpo. No puedo dejar de pensar lo que sería que esta persona pudiera conocer de primera mano el concepto de biorritmos del método que he desarrollado junto a mi compañero en los últimos 30 años.  Conocer la base sobre la que se sustenta el programa biológico del ser humano, facilita el diálogo con tu cuerpo sin necesidad de entrar en tanto detalle, y sobre todo facilita que, los fantasmas del miedo a la enfermedad y la muerte auspiciados por el desconocimiento de lo que somos ‘funcionalmente’ hablando, se alejen definitivamente.

Sé que nuestros puntos de vista se completan…  y con esta finalidad comparto aquello que más ha resonado en mí, ya que coincido plenamente con lo aquí expuesto de forma magistral. Yo misma no podría expresarlo tan alto y claro.

 

El destino no existe

A estas alturas de mi experiencia como lectora, (que es mucha y muy contrastada), puedo decir que pocas veces un pequeño párrafo ha vibrado tan fuerte en mi interior. Lo cierto es que estas palabras, reflejan de forma poderosa el retrato de toda persona que nace ‘victima’ aun sin saberlo.

Los animales y plantas viven en el ecosistema en el que habitan y al que pertenecen. Tanto da que sean salvajes o domesticados. El humano también pertenece al ecosistema familiar en el que nace, aunque se oponga a él por ‘sistema’. A no ser que se libere y sea capaz de escribir su destino, vivirá ejecutando la programación que le fue instalada al nacer.

 “El sometimiento confundido con la bondad y la pasividad. El sometimiento llevado al grado de anular las reacciones instintivas.”

“En el momento del crimen Raskolnikov era un ser más primitivo que Lizaveta. Era solo un hacha y la fuerza del brazo que la sostenía. En él no había ni un resquicio de humanidad, ni de amor, ni siquiera de odio. Él podría ser dejado a un lado de miles de maneras. Sin embargo, Lizaveta no se daba cuenta de lo infinitamente pobre y desamparado que era Raskolnikov en esos momentos. Pese a todo, él estaba vivo, aunque no fuera sino el hacha y el brazo… Y ella, clavada en su sitio, estaba paralizada para siempre. Esto era lo que había que transmitirles a las mujeres, que esa parálisis existe, y que es una enfermedad mortal para las mujeres y que facilita en los hombres lo más profundamente demoníaco.” “Crimen y castigo de Fiodor Dostoyevski.”

En esta película se puede observar cómo se genera ese sometimiento ya desde la cuna. Sometimiento del que muy pocas personas escapan al considerarlo su destino. Destino del que las crisis y los conflictos vienen a liberarlos.

.....................................AQUÍ COMIENZA EL RESUMEN............................................

EDUCAR EN SALUD

El cerebro no controla, coordina

De esto se trata y podría tratarse nuestra labor en lo que sería una especie de campaña de salud y educación; ayudar a las personas a que vean lo obvio. esta es la 1ª tarea indispensable para colaborar con la salud de las personas: facilitarles el que se conozcan y que se acepten, antes que cualquier otra cosa. Enseñarles que la realidad que percibimos está completamente determinada por la emoción que nos embarga. Ofrecer una oportunidad a las personas para que puedan darse cuenta cómo están alterando o restringiendo su capacidad de comprensión y de decisión. Más allá de todo esto, reforzar la salud, eliminando los elementos distorsionadores de la propaganda que hacen a las personas cada vez más dependientes de los grandes sistemas encaminados a “cuidarnos” y “protegernos”.

LA PARTE Y EL TODO

¿Cómo no pensar en el hecho de que una persona se enferme justo del órgano al que se dedica a proteger? ¿Y cómo no sorprendernos de que alguien que ha sido tan estudioso y riguroso en los mejores modos de alimentarse se enferme del hígado, que es fundamental en estos procesos?  No es el único caso de alguien que se ha dedicado en cuidar la alimentación y ha hecho grandes aportes en esta materia para determinar cuál es el modo más sano de alimentarse, para prorrogar la vida, y que muere de un cáncer casi fulminante. Adele Davis era una norteamericana que removió la dietética con sus consejos para prolongar la vida. Su lema: “uno es lo que come” se repetía por todas partes. Vendió más de un millón de ejemplares de cada uno de sus 4 libros. Ponderaba las virtudes del pan integral, las frutas frescas, la leche y el pescado. A los 70 años le diagnosticaron un cáncer en los huesos y murió algunos meses después.

Ella atribuyó su cáncer a “las porquerías” que había comido antes. Otros podrían atribuirlo a que el régimen que propiciaba no era apropiado. ¿Y quién podría decir cuál es el régimen apropiado o el sistema seguro para librarnos del cáncer? ¿Es que acaso el sistema preventivo del cáncer del útero, por ejemplo, que usan los norteamericanos (sacar el útero las mujeres después de los 40 años) es una garantía de que esas mujeres no les dará cáncer? Es obvio que ya no puede darles cáncer del útero, pero habría que hacer un estudio para explorar sí tuvieron cáncer en otros órganos.

 

¿Tendríamos que pensar que todos los modos de ocuparse de la salud _ que son parciales_ están equivocados?

De ninguna manera. Por el contrario, creo que todos tienen razón. Tal vez, lo único que no debe dejarse a un lado es que son parciales y que es preciso relacionarnos con el todo y hacernos la pregunta de qué es lo que nos ha orientado a darle una mayor relevancia. Por ejemplo, ¿por qué ocuparnos más de nuestro desarrollo muscular que cultivar nuestra memoria o de nuestra digestión quede nuestro soñar? Es tal el número de cosas que se ofrecen para cuidar la salud. Es tal el número de técnicas que ayudan al crecimiento y qué, como en el caso que cuento, nos alejan de un real darse-cuenta en el Aquí y Ahora, que nos inquieta que este rescate del cuerpo que hemos propuesto sea también utilizado de ese modo. Pese a todo, no puedo dejar de comunicar lo que he ido viendo y aprendiendo en este camino.

¿Te funciona?

Siempre he estado trabajando con personas que buscan ser más felices, estar mejor, no ser atormentadas por fantasmas, por ideas, por dolores. Alguna vez tuve la loca idea de que “eso” se podía hacer científicamente. Traté de creer en algún sistema racional que aprendido por las personas las liberara de los tormentosos dramas en los que se ven atrapadas. Me parecía más fácil que los mensajes llegaran a las personas, siguiendo los pasos que estaban acostumbradas a seguir. Los nuevos paradigmas, se hacen difíciles de aceptar y exigen dejar a un lado condicionamientos que nos han introducido junto con la leche materna. Una aceptación confiada de maestros que han llegado a percibir la realidad de un modo bastante diferente, por lo menos nos permite creer en la posibilidad de que lo que ellos describen o el modo que tienen de percibir las relaciones humanas, puede ser positivo.

Cambie el “método científico”, apenas comprendido y muy admirado, por el método fenomenológico, en un esfuerzo por explicarme todo aquello en lo que creía, pero que no sabía ni por qué ni para qué. Me era tan fácil creer. Casi me parecía una obviedad aceptar ciertas cosas como verdades. Y de pronto esas verdades eran contradictorias con otras.

EL ESCUCHAR MI VOZ INTERIOR (lo rosa es mío), me salvó la vida.

Empecé a hacer lo que me tocaba hacer, sin preguntarme demasiado los por qué. Lo importante era que las cosas resultaran. Eso explica mi fascinación con la famosa frase de los físicos cuánticos en el llamado postulado de Copenhague después de su Congreso 1927: “no importa de qué se trate la Física Cuántica, ¡Lo importante es que funcione!”.

LA MISMA IDEA UNA Y OTRA VEZ

Como si no me hubiera dado cuenta de que toda idea proviene de otras ideas o de observaciones de la realidad, que puede ser similar en partes muy distantes del planeta. Me he dado cuenta de que las personas que escriben y se empeñan en transmitir a otros sus experiencias _ o lo que piensan _ en todos sus libros van diciendo lo mismo. Lo repiten de uno u otro modo, pero siempre hay una idea central que tuvo la fuerza y la carga emotiva suficiente para perdurar y hacerlos buscar miles de formas de decir lo mismo.

LA FUERZA DE LO VIVENCIADO

¿Habrá una técnica que nos desvele el mensaje de los síntomas y las enfermedades?

Este es el camino que queremos explorar, pero de una manera vivencial. Queremos facilitar ese encuentro y diálogo entre las personas y que desde ahí se nos haga comprensible la relación, el vínculo real que tenemos con esa parte de nosotros que quiere hacerse escuchar. Cuando le damos voz al síntoma, la mayoría de las veces la relación que podemos descubrir nos sorprende, y no podemos decir que se nos haga fácil aceptarla. Sin embargo, lo que no dudamos es que se “otro” (el síntoma o el órgano afectado) que nos habló y que es una parte nuestra, tiene una estructura, una forma y una función que no podemos cambiar según nuestros deseos. Tampoco resulta fácil aceptar, de primeras, que sí es una parte mía y nació conmigo, aunque esa característica no me guste, algo de eso debo de tener.

Thanatos (el deseo de morir) no existe en el cuerpo

Muchos son los casos en que, con una rapidez asombrosa, hemos visto profundos cambios en una persona. Son muchas las situaciones en donde un síntoma desaparece durante el diálogo con el órgano respectivo. Lo que estábamos haciendo era no dejar fuera de la persona los síntomas, el dolor, la asfixia, la opresión. Concentrándonos absolutamente en el Aquí y Ahora, alcanzamos una onda y poderosa convicción: en un organismo vivo, el deseo imperante es vivir. Thanatos no existe, organísmicamente hablando.

ENFRENTARSE AL MIEDO

Ella era una chica que tenía una diabetes juvenil, que cada tanto se descompensaba, pero que en ese momento estaba descontrolada. Tenía un verdadero duelo patológico su madre había muerto a los 28 años, de diabetes. Ella la recordaba con mucho amor. Sentía que le había hecho mucha falta. Por otro lado, evita hablar de su enfermedad que más de una vez había tenido al borde de la muerte. Al hacer el diálogo con su madre la mostró muy idealizada: hermosa y delgada (ella tenía sobrepeso) y le decía a su hija que no abandonaría, que la estaba esperando y que ahora el tiempo de que se fuera…

Esa edad tenía ella cuando había muerto. Al cambiarla de lugar en el diálogo y ser ella misma, se fue hacia atrás y empezó a respirar dificultosamente. Estaba hiperventilando y con ello facilitaba un cuadro de acidosis que podría haberle provocado un coma, dada la gravedad de la diabetes que padecía. Siguiendo con el diálogo su madre le decía, ven conmigo hija mía… fueron unos segundos muy dramáticos y de gran expectación. Ella que estaba con los ojos cerrados y que apenas se quejaba de pronto empujó mi mano y dio el grito esperado ¡déjame vivir.! Volvió el color a sus mejillas y nos abrazó a ambos.

ACERCA DE LA DEPRESIÓN

No puedes ser autosuficiente. Respeta tus límites

“¡Oh! ¡Que está sólida, excesivamente sólida carne pudiera derretirse, deshacerse y disolverse en rocío, o que no hubiese fijado el Eterno su ley contra el suicidio! ¡Oh! ¡Dios! ¡que fastidiosas, rancias, vanas e inútiles me parecen las prácticas todas de este mundo!”  Hamlet. William Shakespeare

Casi no puede concebirse alguien que no resuene con la conmovedora belleza de inmortales obras donde hay un desgarrador clamor de angustia y desesperación ante situaciones que aparecen como insoportablemente dolorosas. Otras veces es el vacío, la falta de amor, el sinsentido de la vida misma o el definitivo sentido de una muerte que redime, que salva de lo imposible (el honor, el amor), lo que ha inspirado las más bellas expresiones líricas.

Aquellas enfermedades a las que se les da un cariz vergonzante tienden a desaparecer

Nada se ha hecho para que el suicidio o incluso la depresión, que está presente en la casi totalidad de los casos, se ha visto o sentido de algún modo peyorativo, cómo pasó claramente con la Histeria. La Primera Guerra Mundial mostró de un modo contundente lo que podía hacer el miedo y la impotencia en los hombres, y los que tenían reacciones esquizofrénicas o depresiones graves fueron tratados con más consideración que aquellos que presentaron todo tipo de parálisis, ceguera y alteraciones que fueron calificadas como “funcionales”, es decir, histéricas.

Esta es una de las situaciones paradojales en medicina: aquellas enfermedades que se tratan con más consideración y respeto aumentan su incidencia y se transforman en invasoras poco controladas. Aquellas enfermedades a las que se les da un cariz vergonzante tienden a desaparecer. Es un increíble sin sentido, aparentemente, ya que parece claro que la enfermedad no diagnosticada tiende a desaparecer.

La vivencia del tiempo es diferente.

Es absoluta es absolutamente indispensable distinguir entre la tristeza _por profunda que sea_ y la depresión.

Uno de los elementos más contundentes para darnos cuenta cuando se trata de una tristeza profunda pero normal _situaciones extremadamente difíciles_ consiste en percibir cómo era la vivencia del tiempo para esa persona: no había una fijeza del tiempo. El tiempo se movía en el presente hacía un pasado mejor y hacia un futuro triste, pero que existía.  Desde entonces, trato de que se conecten con su lado más enfermo, que curiosamente no es el deprimido que siempre traen a la consulta, sino el “otro”, el “omnipotente”, encubierto o manifiesto, el que deja poco espacio al hacer creativo de los demás, el que puede más y sabe más que todos. El que siempre cree elegir lo mejor, y cuando se equivoca y se conecta con los límites, deja abandonado ese deprimido que desprecia. Ese pobre que está en el límite del egocentrismo y no ve más que su propio sufrimiento.

Buscamos otro modo de tratar esta enfermedad que tiene tanto riesgo de muerte. Esta enfermedad que mata a tanta gente sana a la que está mostrando lo obvio (no podemos ser autosuficientes). Esta enfermedad que nos conecta con los límites y lo más esencial del ser humano.

Estamos frente a alguien que está viéndose a sí mismo y al mundo que lo rodea como objetos mejores o peores… ¡no importa! Y aunque los demás existen y pueden distinguir lo vivo y lo inanimado él no pertenece, ni quiere pertenecer a lo vivo, así como esta. Está “estrechado de conciencia”, solo quiere dejar de sufrir como de sentir el dolor que siente por estar vivo. Y así llega a nosotros, no siempre por su propia voluntad, sino traído por algún familiar que sufre su presencia y su actitud.

 

En una visión holista la depresión es una reacción a la falta de autoescucha

En una visión holista que no acepta Thanatos, la depresión podría más bien ser una reacción a ‘lo maníaco’, (falta de hábitos, autoescucha y límites) (lo rosa es mío), que muchas veces aparece muy encubierto y poco notable. Y que, sin embargo, la mayoría de las veces oculta una omnipotencia increíble. Se hace difícil ver “lo omnipotente” como enfermo, sobre todo en un mundo y una cultura donde se privilegia la falta de límites, el tener que ser mejor que el vecino y donde las personas se consideran fracasadas cuando no logran sus objetivos.

En la mayoría de estos diálogos (sesiones en consulta), el deprimido que empieza sintiéndose absolutamente poca cosa y envidiando, por así decir, al omnipotente. Termina sintiéndose más sólido y verdadero. La integración que se produce en un primer encuentro no llega a ser tan total como para que los episodios depresivos desaparezcan de una vez. Este es un proceso que naturalmente requiere de la repetición.

EL DISCURSO DEL CUERPO

El discurso del cuerpo no tiene por qué ser dirigido los médicos, ni mucho menos requerir especialistas en enfermedades para ser reconocido. Tal vez requiera de especialistas en salud para ayudar a ser reconocido. Los especialistas en salud pueden conocer las enfermedades, sin embargo, ello no es indispensable. Más importante es conocer el funcionamiento sano y normal del organismo para detectar de modo positivo una alteración y ayudar a las personas a darse cuenta cuando la salud se altera.  Percibir a tiempo los verdaderos mensajes del cuerpo nos ahorraría innumerables consultas y chequeos médicos a los que hemos llevado nuestro cuerpo como algo ajeno. Y de donde hemos salido aterrados, amenazados de siniestras posibilidades. Un Ministerio de Salud tendría que trabajar junto con uno de educación y enseñar a reconocer lo sano en las personas y su entorno.

Enseñando el cuerpo lo que sabe para acallar voces disidentes

El verdadero discurso del cuerpo tiene que ser escuchado, en primer término, por nosotros mismos y más allá de ello, para evitar los propios trucos que hacemos a nuestro entendimiento, por los maestros, profesores, psicólogos, orientadores y obviamente por los médicos, los que volverían a tener el tiempo y la mirada humana que surge de la confianza de las relaciones entre iguales.

 

En los colegios aprenderíamos todo lo elemental que salva una vida en una emergencia, en vez de quedarnos paralizados en espera del mago que muchas veces llega tarde.

 

Cuando he tenido que trabajar un duelo patológico a una pareja que vieron morir a su hijo de 3 años ante sus ojos, electrocutado por tomar los extremos de un cable eléctrico _ sin atinar a hacerle la respiración boca a boca, esperando al médico y la ambulancia, que llego tarde_, me di cuenta que esas personas, cultas, profesionales, no tenía ni idea de cómo funcionan nuestros pulmones; paralizadas por decreto, no sabían hacer nada de aquello que cualquier campesina vieja habría sabido.

Dialogar con el síntoma u órgano enfermo

En los diálogos cuerpo mente hacemos que la persona vaya alternando uno y otro discurso: el de la persona misma (su ego), y el del órgano, al que nosotros le aportamos elementos para su defensa. En este caso sería necesario relacionar lo más posible a los pulmones con los músculos y sería necesario insistir en que gracias a los pulmones, sus músculos siempre habían tenido el oxígeno suficiente para la enorme demanda que sus entrenamientos habían necesitado. Y que, aunque ahora sus músculos de las piernas no respondían, los del tórax y el diafragma estaban bien conectados y funcionando; A ellos como los pulmones, los necesitaba.

En una paciente como la descrita, la línea de trabajo sugerida es clara. Desde su depresión ya nos habríamos abocado a tratar su “omnipotencia”. Hacerla enfrentar la polaridad que siempre se hace patente en las personas que sufren depresiones: el deprimido impotente e incapaz, con él absolutamente omnipotente, qué podía todo, que era antes.

HOLISMO

Desde el inicio de cualquier cosa que nos perturbe, tendríamos que clasificarla y archivarla cuidadosamente separada según los posibles especialistas en partes o aspectos de seres humanos, para así poder tener un discurso medianamente aceptable, lo cual no sería un gran problema. De hecho, tenemos una memoria casi ilimitada, como varias computadoras juntas y hasta ahora hemos sobrevivido sin esfuerzo a la exigencia de esa verdadera atomización de la información y las relaciones con el entorno.

Podría ser que el aumento de la frecuencia de enfermedades como el Alzheimer sea un signo de que esta memoria tan extraordinaria tiene un límite, lo que obviamente no es sólo con relación a la edad, ya que aún sigue habiendo personas de más de 100 años muy lúcidas. Por otra parte, estaríamos aceptando que no es posible hablarle a un médico como a una persona. Solo puedo hablarle de lo que le interesa y ve de mí. Lo mismo ocurriría con un psicólogo, o con un militar o con un artesano. Lo que vendría a demostrar lo que el sistema de fraccionarnos y dividirnos lo sostenemos entre todos.

Al parecer así ocurre. Y los hermosos discursos de holismo, de totalidad, de comunicación humana no serían más que un hablar vacío y sin sentido.

HABLAR A ESCALA HUMANA

Tendría que surgir una disciplina humana, obligatoria, que prepara a las personas para ayudarlas a mantener su estructura sin tener que hacer el ejercicio cotidiano y automático de adaptarse a su interlocutor.

  • Hasta sería posible que la medicina pudiera detener su escalada de “éxitos” y “robotización” y empiece a usar un discurso que le permita funcionar a escala humana
  • Al mismo tiempo, los terapeutas, psiquiatras y psicólogos debieran permitirse descender a lo que fue el principio de este querer salvar al ser humano de los más despóticos y enajenantes atropellos de la medicina contemporánea.

Lo que no se nombra o se deforma en el lenguaje, o no existe o existe deformado.

Además, no podemos medir el impacto que algunas palabras o negaciones hacen al complejo ser que somos.
El ser simétrico que tiende a experimentar la realidad como una unidad homogénea, única indivisible, nunca va a ser contenido ni expresado en su totalidad por el ser asimétrico que tiende a experimentar la realidad como constituida por partes. “Matte Blanco’

 

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