ley mínimo esfuerzo. A Conscious Life

La ley del mínimo esfuerzo. ¿Que hay para comer?

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Hola Mujer Consciente…

Hoy, cerrando semana, me he sorprendido pensado… ¿Qué cómo hoy? ¿Qué me pide el cuerpo? Sabedora de que llevo varias semanas observando una transición en mi sentido del sabor. Transición que estoy enfocando de forma consciente al igual que haría con las etapas de un viaje. Un viaje que comenzó hace ya unas cuantas primaveras y que con cada nuevo ciclo anual me invita a seguir avanzando en eso de ser más eficiente energéticamente hablando. Porque de energía es de lo que hablamos cuando hablamos de nutrición.

Un viaje en el tiempo

Mi mente ha hecho un rápido recorrido por mis papilas gustativas y me ha respondido… ¡pollito! ¡pechuga asada! sin nada… quizás un poco de ensalada bien aliñada, pero no la típica ensalada… me apetecía recolectar trocitos de pimiento rojo… pepino… cebolla… para nada la típica ensalada de lechuga, tomate, etc.

Al poco, la imagen se ha expandido y de pronto me he visto en el valle en el que habito, avistando con la mirada los márgenes del rio. Márgenes en los que es habitual ver pollitas de agua con sus pollitos… y todo tipo de patos y aves acuáticas. Al pronto sabía que mi mente me estaba haciendo un guiño al hilo del texto que comparto a continuación. Un texto que habla de la ley del mínimo esfuerzo.

Sonrío y capto el mensaje

Un mensaje revelador y coherente con mi sentir de los últimos días. ¿Qué comerías si tuvieras que conseguirlo por tus propios medios y en la naturaleza tal cual hacían tus ancestros?  Resulta que estos días estoy bastante AMIGABLE… y con pocas ganas de pensar, procesar, ni perseguir nada ni a nadie.

Como que vibro fuerte con lo de poner unas trampitas… y dejar que el alimento venga a mí por su propio interés. Si recolectara huevos… dejaría alguno en los nidos. Y esto lo digo por los que critican este tipo de acciones desde la comodidad de encontrar huevos en la nevera cada día y fijándome en la cantidad de polluelos recién nacidos que hay en las aceras estos días. Algo que estoy convencida la naturaleza ya contempla al hacer que las aves pongan más huevos de los que toca. (en estado salvaje se entiende).

pechuga pollo asada. ley del mínimo esfuerzo

Tener el cuajo

Reconozco que hay que tener cuajo… (Humor, carácter, temperamento, genio, pacienzudo.) para escuchar ‘a ciegas’ a tu cuerpo y seguir las órdenes o sugerencias que te envía. Sobre todo cuando se trata de romper dinámicas o patrones establecidos desde la más tierna infancia. Aunque, en verdad, de lo que se trata es de escucharte y ser libre de no dar explicaciones a nadie para empezar. Y luego, cuando te atreves a ser tú misma, comprobar con gozo que tu cuerpo te guía a nuevas cuotas de bienestar y simplicidad.

  • Permíteme que haga un inciso para comentar que mientras edito estas líneas esta es la música que viene a mi mente. Un tema que habla de dejarse guiar, de confiar, y de culminar un vieje iniciado en la niñez. Un viaje que, a mi parecer, habla del amor y el autoconocimiento que nos debemos a nosotros mismos. Un viaje en cuerpo y alma (mente) que ha de durar toda una vida.

Perfect

“Encontré un amor para mí
Cariño, solo sumérgete y déjate guiar por mí
Bueno, encontré una chica, es bella y dulce
Oh, nunca supe que eras tú quien esperabas por mí
Porque éramos niños cuando nos enamoramos
No sé lo que era
Esta vez no renunciaré a ti
Pero, cariño, bésame lento, tu corazón es todo lo que tengo
Y en tus ojos tú estás sosteniendo el mío.”

Del Gusto al Sabor

Un viaje de respeto, auto cuidado y bienestar personal. Un viaje que te otorga la capacidad y la confianza de saber qué, cómo y cuándo comer aquello que tu cuerpo y tu mente necesitan para que puedas dar lo mejor de ti.  Eso sí, sin historias, asegurándote que sea tal y como describo en mi libro Del Gusta al Sabor.

La ley del mínimo esfuerzo

Vamos a centrarnos en el tema del sabor y el desarrollo humano. Parece increíble, alarmante e inhumano, que mientras una gran parte de la humanidad muere de hambre, la otra parte se regodea entre conservantes, colorantes y artificios de todo tipo, aunque ciñéndonos al sabor, la oferta es sencillamente curiosa: excitantes, estimulantes, adelgazantes, anabolizantes, etc. ¡qué lejos han quedado los inicios de la evolución humana! tan lejos, que ni siquiera los arqueólogos, paleontólogos o antropólogos se ponen de acuerdo en arbitrar la dieta humana por excelencia. Informes científicos e históricos «avalan» multitud de datos que lo único que hacen es confundir y alarmar al personal, cuando no engrosar las arcas de multinacionales farmacéuticas y alimenticias.

ley mínimo esfuerzo

Registro de placer y de dolor

Nuestros ancestros emocionales, los padres de la evolución humana, los que dejaron sus huellas impresas al circular por todos los rincones del planeta, lo hicieron, sencilla y claramente para llenar sus estómagos; acuciados por los cambios climáticos y sus efectos sobre las distintas especies vegetales y animales. A lo largo del tiempo y de la historia, acumulamos experiencias de placer y de dolor, experiencias que fueron transmitidas de madres a hijos, de tribu a tribu, de clan en clan, de familia en familia. Las positivas nos hacían vivir, reír y gozar, las negativas, morir, llorar y sufrir. El hombre primitivo no elegía, vivía experiencias y acumulaba registros de placer y de dolor para sus hijos. Y cada madre, por tanto, tiene un legado, un registro de placer y de dolor propios que ha de transmitir.

Fácil

Hoy día sabemos que existen los hidratos, las proteínas, las grasas, las vitaminas y los minerales; los oligoelementos, los triglicéridos, el colesterol, los omega 3 y 6, los infartos, el cáncer, etc. etc. Nuestros ancestros solo sabían del hambre y del frío, de la necesidad de avanzar y sobrevivir en busca de la luz, del calor y del alimento porque sabían que sus vidas y las de sus hijos dependían de ellos. Cuando el clima era benigno y el alimento vegetal abundante, vivían tranquilos y tan solo tenían que recogerlo y disfrutarlo: raíces, tubérculos, frutos y frutas, semillas, huevos y seguro que pequeños insectos, lombrices y gusanos. ¿Para que esforzarse? ¿Por qué trabajar cazando, pescando o sembrando si el clima propiciaba la abundancia de alimentos sencillos y fáciles de conseguir?

Difícil

Cuando el clima se hace difícil y el alimento fácil escasea, el hombre tiene que ingeniárselas para obtener comida en un medio hostil y encuentra a su alrededor ejemplos que le instruyen pues, en la naturaleza, la depredación, el carroñeo, incluso la pesca y la agricultura se observan de manera natural. La evolución cierra un ciclo y es la necesidad la que abre las puertas a la obtención de alimentos en forma ajena a nuestra naturaleza esencial o primigenia: la paz y la ausencia de dolor propio o ajeno. No hay connotaciones morales o éticas cuando de cubrir una necesidad vital se trata. Matar a un animal, alimentarse de un cadáver, capturar peces o replantar semillas, como cada año hace la naturaleza, es algo tan natural como que ese instinto de supervivencia desaparezca cuando de nuevo el clima o ambiente se hace fácil y las condiciones para obtener el alimento de forma sencilla mejoran de nuevo.

Ciclos de evolución humana

Así el ser humano pasó por ciclos difíciles de hambrunas, agresión y supervivencia y ciclos fáciles, de satisfacción, paz y tranquilidad. En los difíciles acumulaba experiencias que le permitieron desarrollar el uso de los sentidos ya que la mente humana crece ante la adversidad pues esa es su finalidad: proteger y mantener la vida de nuestro cuerpo. Y para cumplir su propósito la mente ha evolucionado y con ella los sentidos que la sirven de guía, de estímulo y de referencia.”

 

Acerca de mi libro

ibro Ana Ávila. Del Gusto al Sabor. Tu cuerpo sabe

#DelGustoAlSabor | Este libro nos acerca al proceso de construcción y desarrollo de nuestra persona o individualidad.  «Del gusto al sabor. Nuevas emociones, nuevas formas de alimentarse» nos muestra el precio que pagamos cuando quedamos expuestos a la influencia del entorno sin la protección de nuestra memoria ancestral.

Y especialmente muestra la relación que existe entre lo «caro» que nos resulta vivir y la forma en la que obtenemos la energía que necesitamos para cubrir nuestras necesidades diarias. Alimentarse debería de ser algo tan sencillo y natural como respirar o hablar: un proceso asimilado desde nuestra más tierna infancia y que realizas de forma intuitiva, prácticamente sin necesidad de pensarlo. Sin embargo, alimentarse es un proceso cada vez más complicado para las personas que, en su interior, conservan la idea de que la vida tendría que ser algo sencillo.

 

También se muestra con claridad qué es y cómo se instala la función nutrición en la mente humana para poder recuperarla y ejecutarla en forma óptima.

Para hojear y comprar ves al siguiente enlace:
rxe.me/FZK1A2

 

 

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