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Los hijos de Buda

Hola Mujer consciente…

Ayer salí a comprar y me llamó la atención una figura de un Buda a la que normalmente no presto atención. Al rato en el coche y en radio clásica pusieron un tema titulado ‘Los hijos de Buda’ que me dejó con la boca abierta. No es que fuera muy ‘zen’ que digamos, pero me hizo prestar atención al tema de lo Búdico.

 Actualizar vínculos

Lo cierto es que llevo unas semanas algo revolucionada interiormente y lo achaco a ciertos cambios en la configuración interna vinculados a mi evolución personal.

La mente de un Buda

Hoy desperté pensando en conceptos que hace años barajaba, conceptos como mente búdica o conciencia crístíca. Conceptos que deje de usar en mi discurso exterior porque considero que están muy salidos de madre. (alguna vez tendré que explicar lo que es ‘salirse de madre’) 😉 Solo hay que cliquear en Google y ver las lecturas tan diversas que aparecen de ambos conceptos.

Life is Easy

Desde el principio, mi objetivo fue hacer fácil lo de vivir y dentro de vivir se incluye el desarrollo personal y humano. Así que lo primero que hice hace años fue simplificar el tema de cómo integrar en el día a día, el Buda y el Cristo que todos llevamos dentro. Eliminando toda la parafernalia dogmática, religiosa, metafísica, esotérica, etc. Al final, tras reflexionar y observar los sentimientos e imágenes que pasaban por mi mente, y gracias a que la canción me hizo detenerme en el tema, intuyo que estos días mi sentido del YO ha sido transcendido, una vez más, y mi naturaleza interna o mente original, ha fluido espontáneamente.

Algo que si eres un monje zen está genial, pero si vives en familia y tratas con ‘gente’, te hace sentir que estás fuera de la realidad, pues es como si todo rastro de apego se hubiera desvanecido. Y que nada o nadie TE importa realmente ya que los vínculos afectivos, sentimentales o emocionales está vinculados al sentido del YO. Vamos una actualización de las GORDAS…en la que no me RECONOCÍA en nada ni nadie y en la que parecía estar fuera del tiempo y del espacio.

Cuando paso por estos trances ‘me temo’ 😉 😉 porque lo primero que suelo coger son las tijeras del pelo y darme un corte de pelo bastante radical. Y no me lo dejo en plan monje budista que es lo que me NACE porque sé lo incómodo que es que vuelva a crecer.
¡Si!... adivinaste que ya lo hice en una ocasión similar anterior.

 

Dando vida al arquetipo

Debido a estas experiencias, y por algún que otro motivo más que no viene al caso, siempre he cuestionado cualquier tipo de figura monástica ya sea de un monasterio de monjes tibetanos o de monjes franciscanos. (o de monjas). No digo que en otros tiempos no fueran necesarios, pero al igual que otras muchas tareas evolutivas vinculadas al desarrollo de la conciencia humana, necesitan ser integradas en el proceso de individuación de forma consciente para completar el proceso de madurez personal.

El arquetipo del monje o del ermitaño o del asceta o del peregrino es una función arquetípica de la mente humana. Seguir proyectando esta función en una figura externa es quizás el más grave de los errores, ya que nos aleja de uno de los mayores logros en lo que la evolución de la conciencia de humanidad se refiere: Ser UNO con dicha conciencia.

 

Segun Jung, los arquetipos, son modelos universales y atemportales.

Uno de los arquetipos que observo jung en todas las culturas de todos los tiempos es el arquetipo del anciano sabio.
La carta del Ermitaño representa este Arquetipo. Es como un monje que se retira, pero no porque tiene un conflicto con el mundo, si no que se retira porque ya ha aprendido muchas cosas y necesita dedicarse a desarrollar su mundo interior.

Volviendo en MI

Hoy he despertado ya con mi humor habitual, he ‘reconocido’ a la persona que desayunaba en la cocina ofreciéndole la mejor de mis sonrisas y he tocado ‘tierra’ por primera vez en toda la semana.

Y todo esto sin MEDITAR en modo clásico, zen, tibetano o yóguico. Mi método en todos estos años de desarrollo personal, (que ya van para 30), ha sido prestar atención, y practicar la autoescucha de mis sentimientos dándoles toda la coherencia posible.

Para ello toda herramienta es válida, el ejercicio físico, la lectura, la escritura sobre todo en algunas etapas, las tareas del hogar, la resolución de los conflictos y la superación de los retos que el día a día nos aporte.

Atención y más atención

“Cierto día un hombre común le dijo al maestro zen Ikkyu: Maestro ¿podría escribirme algunas máximas sobre la más alta sabiduría?”.
Ikkyu inmediatamente tomó su pincel y escribió la palabra “Atención”.
“¿Eso es todo?”, preguntó el hombre. “¿No podrá agregar algo más?”.
Ikkyu entonces escribió: “Atención, atención”. “Bueno”, comentó el hombre algo irritado.
“No veo mucha profundidad o sutileza en lo que ha escrito”.
Entonces Ikkyu escribió: “Atención, atención, atención”.
Enojado el hombre exigió: “En todo caso, ¿que significa la palabra atención?”.
Ikkyu contestó suavemente: “Atención significa atención””.

        Diálogos de los maestros zen.

 

El Cristo que todos llevamos dentro

Al principio no lo sabía, pero al contrastar lecturas pude integrar que ser coherente con tus sentimientos es la clave para despertar el Cristo interior que todos llevamos dentro. Así que dando coherencia a mis sentimientos y prestando atención a todo lo que me hacía sentir mal, falta de paz, asustada o con rabia, etc., empecé a darme cuenta de que todo partía de mi propia conciencia o intención.

En los textos metafísicos nos cuentan que la conciencia crística reconoce los opuestos de bien y mal, luz y oscuridad, dar y recibir, como los aspectos de una misma energía. Vivir desde la realidad de la conciencia Crística significa que no hay lucha con nada. Entendiendo el Cristo interior como la divina presencia que todos llevamos dentro. Es la conciencia de tu esencia divina, que vive dentro de ti, esperando a que seas consciente de ella, recordándote que Eres uno con Todo lo que existe, que Eres Conciencia pura, Amor puro, el Ser… y bla, bla, bla….

 

Cristo vive en tu corazón y en tu familia

Pero lo que yo descubrí es que es nuestro corazón el que ama, el que sufre o se encoge cuando nos polarizamos en cruzadas de bueno o malo, en querer llevar la razón o en que nos entiendan. Es nuestro corazón el que sufre cuando te aislas en tu burbuja personal y dejas de ver al otro como una parte de ti mismo. ¡No es de extrañar que el arquetipo con el que se ha identificado siempre a Jesus, el cristo, fuera el sagrado corazón!

Un corazón que hay que mantener sano liberándolo de emociones tóxicas y dando vida a nuestros sentimientos más puros, aquellos que nos conectan con nuestra propia identidad personal. El corazón sufre cuando nos alejamos de lo que, en principio, sería el camino que nuestra naturaleza humana nos dicta.

 

Vida en familia y evolución humana

Estos 30 años, han sido un viaje al interior de mi conciencia, física y mental. Un viaje que me ha permitido reconocer al amor y a la atención pura como a dos queridos maestros que me han acompañado hasta lograr la madurez personal y la plenitud humana. Y no lo considero un camino espiritual en absoluto. Lo considero simple y llanamente, el camino.  

  • Y justo ahora que estaba cerrando este post, caigo que hoy 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia 2020 y lo considero una bella sincronía. En mi día a día laboral puedo observar como los mayores retos evolutivos a la hora de integrar cuerpo y mente, corazón y conciencia de humanidad se dan en el escenario familiar.
  • Tengo la certeza de que superarse junto a tu pareja e hijos es la forma más natural de evolucionar en todos los sentidos. Es del amor en familia del que nace el impulso que nos lleva a querer ser mejores personas. Y es la falta de este amor el que nos ancla al pasado.

 

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