
La grasa corporal en la naturaleza: otra mirada
Hola Mujer Consciente…
A veces el cuerpo guarda historias que nadie más ve.
Capas que aparecieron sin pedir permiso. Cambios que un día llegaron y se quedaron. Y la sensación silenciosa de que, en algún momento, empezamos a mirarnos con los ojos del juicio.
A mí también me pasó.
Durante mucho tiempo pensé que la grasa era un error del cuerpo, algo que debía corregirse, reducirse, esconderse. Pero un día empecé a mirar la naturaleza con más atención… y lo que descubrí cambió por completo la forma en que entendía mi propio cuerpo.
Porque en la naturaleza la grasa no es un defecto.
Es una estrategia.
Y cuando una empieza a mirar el cuerpo desde ahí, desde la biología y no desde la apariencia, algo se afloja por dentro. Algo deja de pelear. Algo empieza, por fin, a comprender.
Hay algo que casi nunca nos dijeron.
Nos enseñaron a mirarnos en el espejo como si fuéramos un error de cálculo. Como si cada pliegue fuera una traición. Como si el cuerpo tuviera que justificarse.
Pero yo he estado observando otra cosa.
Una mañana, en silencio
Vi a una gata dormir al sol. Su vientre blando subía y bajaba sin pudor. Nadie la juzgaba. Nadie medía su contorno. Su cuerpo no era un proyecto: era un sistema vivo haciendo lo que sabe hacer.
Y entonces entendí algo que me atravesó despacio.
En la naturaleza, la grasa no es un defecto
Es apoyo. Es abrigo. Es reserva. Es protección. Es energía guardada para cuando el invierno aprieta. Es previsión. Es inteligencia biológica.
Los animales silvestres almacenan grasa cuando la necesitan. No lo hacen para gustar. Lo hacen para sobrevivir. Y cuando el entorno cambia, cuando hay alimento suficiente, cuando hay manada, cuando hay seguridad, el cuerpo se regula solo. Vuelve a su equilibrio sin discursos, sin castigos.
La delgadez extrema no es un ideal
Es una señal de alerta. Es un organismo en tensión. Un cuerpo en problema.
La naturaleza no compite en apariencias. No jerarquiza siluetas. No aplaude costillas visibles.
Solo se ocupa de la supervivencia.
¿Qué ha estado intentando proteger mi cuerpo?
Tal vez cada capa fue una respuesta.
Tal vez cada centímetro fue una forma de sostenerme cuando el entorno no era seguro.
Tal vez la grasa no fue un enemigo, sino una estrategia.
Cuando el cuerpo ya no necesita defenderse
Pienso en los animales domésticos que aumentan de peso cuando viven en conflicto, cuando hay estrés, desorden, desconexión. Y cómo, al volver a formar parte de un grupo estable, cuidado, nutrido, regresan a su peso natural. No porque alguien los obligue, sino porque ya no necesitan defenderse.
La biología no es estética. Es supervivencia.
Mi cuerpo no está intentando ser bello. Está intentando estar a salvo.
El gesto más radical
Y quizás el gesto más radical no sea forzarlo, sino preguntarle qué necesita para sentirse protegido.
Más descanso.
Más pertenencia.
Más alimento real.
Más calma.
Quizás el cuerpo no quiere ser reducido.
Quizás quiere ser escuchado.
Una manada que se cuida
A veces imagino que, si viviéramos como una manada que se cuida, si el alimento no estuviera cargado de culpa, si el amor no dependiera de la talla, nuestros cuerpos encontrarían solos su forma natural. Esa que no responde a un ideal, sino a un equilibrio.
En la naturaleza, la grasa es energía disponible.
La delgadez extrema es alarma.
La belleza no es un criterio biológico.
Solo la vida lo es.
Mirarme con otros ojos
Y cuando me miro ahora, intento hacerlo con otros ojos. No como quien corrige, sino como quien comprende.
Mi cuerpo no es un error.
Es un organismo que ha estado haciendo todo lo posible por sostenerme.
Quizás no necesito cambiarlo con violencia.
Quizás necesito crear el entorno donde ya no tenga que defenderme.
Y esa idea, suave como el vientre de la gata al sol, me deja respirando distinto.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.




