Mujer madura sentada con piernas entrecruzadas sobre alfombra de fibras naturales, en un espacio interior con madera y plantas, conectando con la tierra en actitud serena y poderosa.

Autoescucha: presencia, límites y energía

Hola Mujer Consciente…

Eres agua, no te agites.
Eres tierra, no te seques.
Eres cielo, no te nubles.
Eres fuego, no te apagues.

Empiezo así. Como quien se recuerda algo al oído antes de salir de casa.

Cada edición de AutoEscucha trae nuevas mujeres. Nuevas historias. Nuevas madejas sobre la mesa.

Y, poco a poco, las vamos desarmando.

No para deshacer lo vivido, sino para tejer nuevas prendas que cubran el sentir sin apretarlo.

En cada encuentro hay un momento en el que volvemos al cuerpo. Sin ruido. Como sumergirse en agua templada y quedarse ahí el tiempo suficiente para que la piel recuerde.

Entramos en nuestro mundo interior buscando claves de nuestra sexualidad, de nuestro tiempo creativo, de nuestra manera de habitar el deseo y el descanso.

Hacemos sencillo algo que a veces parece complejo: reconocer cómo estamos.

Qué nos altera.
Qué nos calma.
Qué nos da hambre cuando no toca.
Qué relación hemos construido con nuestro peso, nuestra figura, nuestros vínculos.

Mirarlo sin juicio.

Solo mirar.

La mujer sostiene

La mujer sostiene.

Y la pregunta no es si sostiene, sino qué y a quién.

Ideas. Proyectos. Pensamientos. Una imagen de futuro.

A veces también cargas que ya no nos pertenecen.

Vivimos muchas veces en Modo Observador. Miramos, registramos, comprendemos. Salvo cuando en la intimidad podemos dejar la mente a un lado y entregarnos sin vigilancia.

He aprendido a prestar atención a los inicios.

Una conversación.
Una película.
Un encuentro.

Lo que siento al empezar ya me da claves.

Cuidar cómo empiezo algo es también cuidar hacia dónde me lleva.

Y respecto a lo negativo, nada se me pega si no llevo velcro puesto.

El antivirus siempre encendido.

No todo merece entrar.

Volver al cuerpo

Me pregunto cómo toma cada una consciencia del paso del tiempo.

No desde la prisa.

Desde la respiración.

Hoy, aquí y ahora: ¿qué necesitamos resolver a nivel de lo femenino y, por tanto, de lo humano?

Siento que muchas cosas empiezan a ordenarse cuando observo los sistemas de los que formo parte.

La familia.
Las comunidades.
Los grupos en los que participamos.
Incluso esos espacios digitales a los que damos nuestra energía.

Hay algo que llamo plug and play.

Cuando algo me cae bien, cuando algo me sienta bien, ya estoy conectada.

El cuerpo lo sabe antes que la mente.

Evadirse no es una opción.

Salir a tomar el aire, sí.

Dejar que el sol nos toque.

Que la Vida nos lea mientras caminamos.

Hay una criba silenciosa.

Una poda que no necesita anuncio.

Límites y autonomía

Los hijos tienen su propia lección. Su propio trayecto.

Con una hija, para mí, lo esencial es poder hablar de todo. Que confíe. Que no tenga que esconderse.

También he aprendido a no prestar atención al caos más de lo necesario.

Me pregunto qué puedo hacer yo para aportar luz y paz.

Cómo mantener mi visión sin dejarme arrastrar por todo lo que sucede alrededor.

No permito que nadie me empequeñezca.

Ni que me limite.

Mucho menos por ser mujer.

Erradicar la esclavitud mental, emocional y física.

Dependencia cero.

Ser radical con lo que no quiero.

No quiero ver eso.
No quiero escuchar eso.
No quiero hacer eso.

También educo al algoritmo.

Esto sí.
Esto no.

Filtro. Depuro.

Igual que cuido lo que entra en mi cuerpo, cuido lo que entra en mi mente.

A veces buscamos fuera algo que nos proporcione la energía que sentimos que nos falta.

Yo vuelvo a otra pregunta:

¿Qué me mantiene viva?

El placer me dice quién soy.

El dolor me recuerda quién no soy.

En AutoEscucha profundizamos en

— Memoria emocional
— Vida consciente y biorritmos
— Control químico-emocional
— Relación entre emociones, humor y sabor
— Autochequeo emocional
— Influencia del ambiente
— Gestión de las emociones
— Pensamiento, sentimiento y emoción
— Relación entre peso, emociones y sexualidad
— Emociones básicas
— Límites y autocontrol
— Mapa emocional

Una sesión presencial cada mes.

Pero AutoEscucha no termina cuando termina una sesión.

A veces continúa al llegar a casa.

En algo que ya no quiero tolerar.
En un límite que por fin puedo sentir.
En una conversación que necesito tener.
En una manera distinta de mirar mi cuerpo.
En aquello que empiezo a elegir sin tener que justificarlo.

Quizá escucharse sea también eso.

Reconocer qué necesita hoy mi agua.
Qué tierra me sostiene.
Qué está nublando mi cielo.
Dónde sigue vivo mi fuego.

Y yo sigo aquí.

Aprendiendo a escuchar antes de responder.

A sentir antes de decidir.

A no agitarme cuando lo que necesito es, simplemente, volver a mí.

—

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.


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