Una hoja de otoño flota sobre el agua tranquila de un río con piedras visibles en el fondo.

El lugar al que volvemos

Hola Mujer Consciente…

Al comenzar este nuevo ciclo de Autoescucha, (octubre 2026), apareció una sensación que varias participantes han recogido después en sus valoraciones: estar de vuelta y, al mismo tiempo, sentir que el encuentro continuaba algo que no se había interrumpido del todo durante el verano.

Una de ellas lo escribió así: «Vamos cambiando las personas y el espacio, todo evoluciona».

Me interesa esa manera de expresar el regreso. Volvemos a un lugar conocido con lo que nos ha pasado desde la última vez. Algunas preguntas siguen ahí, pero quizá ahora podemos acercarnos a ellas de otra manera. Otras aparecen por primera vez. También cambia lo que necesitamos preservar, lo que estamos dispuestas a compartir y aquello para lo que todavía buscamos palabras.

El tiempo de cada una

Al leer las valoraciones de esta primera sesión, encuentro experiencias distintas. Hay familiaridad, alegría y una sensación de continuidad. Hay también dudas, incomodidad y cierta distancia ante lo que otras parecen comprender con facilidad. Una participante cuenta que estuvo a punto de no venir porque la posibilidad de interactuar con el grupo le resultaba difícil. Se marchó con interrogantes y curiosidad.

Quiero detenerme también ahí. En un espacio compartido, la confianza no tiene el mismo ritmo para todas. Poder escuchar sin tener todavía una respuesta, reservar una parte de la propia historia o necesitar tiempo para encontrar el lugar desde el que participar forma parte de lo que merece atención.

La escucha alcanza también esos límites.

La casa que ya existe

Durante la sesión propusimos una pregunta: ¿qué sería perfecto para ti?

Las respuestas escritas después llevaron esa pregunta hacia lugares muy cotidianos. Acabar el día satisfecha con lo vivido. Tener menos prisa. Descansar. Vivir las relaciones con más tranquilidad. Disfrutar de un trabajo que deje espacio para la propia vida.

En una de las reflexiones, el primer deseo fue una casa en el campo, con un huerto y una vida apacible. Pero, al seguir escribiendo, apareció la casa que ya existe, el balcón, las montañas, la posibilidad de acercarse al río. La atención se fue desplazando hacia algo que estaba cerca y que también merecía ser reconocido.

Los deseos de cambio seguían presentes. Más espacio, otras condiciones de trabajo, mayor libertad. Y junto a ellos apareció el valor de lo que ya había.

Hay algo fecundo en poder sostener ambas cosas. Reconocer lo que nos gusta de nuestra vida permite mirar con más precisión qué queremos mejorar. Quizá una parte del cansancio venga de tratar la vida entera como algo pendiente de corregir.

Lo que pesa, lo que pide tiempo

Otra participante describió su día perfecto como un día sin miedo, sin prisa, sin cansancio y sin preocupación por la comida o el peso. Su respuesta deja preguntas que necesitan tiempo. ¿Qué está pesando hoy? ¿Dónde se concentra la exigencia? ¿Qué margen real existe para vivir de otra manera?

La relación con el cuerpo aparece en varias valoraciones. El deseo de observarlo, de prestarle atención, de tratarlo con más amabilidad convive con años de pensar en cómo debería ser o en lo que habría que cambiar. Esa convivencia tiene sus dificultades. Incluso la intención de escucharse puede convertirse en una nueva tarea que queremos hacer bien.

Me parece importante dar espacio a esa contradicción, sin apresurarnos a resolverla con una frase.

También surgieron observaciones sobre las redes sociales, sobre lo que dejamos entrar cada día y sobre el tiempo que damos a nuestros compromisos y a los de quienes tenemos cerca. Son asuntos pequeños solo en apariencia. Basta detenerse en una costumbre para descubrir algo que no habíamos visto de nuestra manera de relacionarnos.

Una hoja, un día cualquiera

La imagen que más se repite en los escritos es una hoja cayendo en otoño. Cada una encontró algo propio en ella: ligereza, descanso, libertad, la posibilidad de aflojar.

Me gusta que una misma imagen pueda acompañarnos de formas distintas. Que después del encuentro siga encontrando sentido en la vida de cada una.

Así comienza este ciclo de Autoescucha: con experiencias que se reconocen y otras que necesitan más recorrido. Con preguntas que vuelven y con la posibilidad de prestar atención a algo que antes pasaba inadvertido.

Una de las participantes escribió que, al llegar la noche, quería sentirse satisfecha, tranquila y en paz con su día. Por ahora, me quedo cerca de ese deseo. Hay mucho que escuchar en la manera en que vivimos un día cualquiera.

—

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.


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