Mujer adulta de espaldas observando la luz de invierno desde un interior cálido, rodeada de tonos neutros y tejidos naturales, en un momento de introspección silenciosa.

El miedo como aviso: una lectura consciente del inicio de año

Hola Mujer Consciente…

Hay momentos del año en los que una se vuelve más porosa. No por fragilidad, sino por escucha. Algo en el cuerpo baja el volumen del ruido y deja pasar lo esencial. Leo entonces no para entender, sino para reconocerme en aquello que toca, como si ciertas palabras supieran exactamente dónde apoyarse.

Lectura consciente

La lectura consciente, cuando ocurre de verdad, no informa: coloca. Me sitúa frente a esos fragmentos de la realidad que no son casuales, que dialogan con lo que fui, con lo que soy ahora y con lo que, de algún modo, ya se está gestando.

La cuota personal de miedo

En los primeros días del año siempre aparece una cuota personal de miedo. No llega anunciándose; se filtra. Es íntima, intransferible, distinta para cada una y cambiante con el tiempo. Es aquello que toca soltar si quiero avanzar al ritmo que la vida, no yo, está marcando.

El invierno y la memoria del cuerpo

El invierno tiene su propio pulso. En ese biorritmo más lento, el cuerpo revisa su memoria vital. Si ahí hay miedo o enfado acumulado, la energía se resiente. No como un drama, sino como una merma sutil de voluntad: cuesta más sostener el día a día con optimismo, con ese buen humor que no es euforia, sino disponibilidad.

El miedo como aviso

He aprendido que cuando algo me asusta no es porque me supere, sino porque tengo la capacidad de atravesarlo. El miedo aparece cuando algo pide hacerse consciente. Nada más. Y nada menos.

Durante mucho tiempo se nos ha dicho que el miedo pertenece a los débiles o a quienes aún no tienen memoria. Pero el adulto no es quien no siente miedo, sino quien lo reconoce y lo neutraliza. El miedo se alimenta del miedo y siempre señala un desajuste con el tiempo. Cuando aparece, algo se está desperdiciando.

Pienso en quienes temen enfermar al hacerse mayores, en quienes temen no poder valerse por sí mismos. Ese miedo no habla del futuro, habla del presente: de fuerzas malgastadas, de ritmos que no se corrigen. Cuando no se mira de frente, el miedo busca confirmarse. Entonces todo alrededor parece darle la razón: historias ajenas, conversaciones repetidas, presagios innecesarios.

No hay amenaza en el miedo. Hay aviso. Y el invierno, con su luz baja y su silencio largo, lo sabe bien. Quizá de eso se trate este tiempo: de mirar sin apresurar, de escuchar lo que señala antes de querer cambiarlo.

El invierno no exige respuestas inmediatas. Sólo pide presencia.

Y yo me quedo ahí, dejando que algo se reordene sin necesidad de nombrarlo todavía.

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.

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