
Pausas: cuando soltar se vuelve respiración
Aquí estoy.
La pausa no llega como un paréntesis, sino como una respiración que se abre paso sola.
La taza entre las manos no abriga: ancla. Me devuelve al peso exacto del cuerpo sentado, al vapor que sube lento, a ese silencio tibio donde algo empieza a aflojar.
No pienso en lo de ayer. Se decanta.
Como el poso que cae cuando ya no hace falta remover.
El alma, todavía un poco descalafatada, se recoloca sin prisa. No pregunta. No busca nombre.
Pausar es esto:
no empujar el cierre,
no dramatizar el gesto,
permitir que lo vivido termine de morir a su ritmo.
Inhalo.
Exhalo.
Arrullo lo que fue hasta que deja de pedir presencia.
Y entonces llegan, sin ruido,
los pesares en bandeja,
no como carga,
sino como ofrenda.
Los recibo con las manos abiertas.
No para resolverlos,
sino para reconocer el coraje de quien se mira de frente,
de quien habita su sentir sin atajos.
La pausa no detiene la vida.
La vuelve habitable.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.




