Mujer sentada en la cama al amanecer en actitud de escucha interior

No recuerdo lo que se dijo, pero mi cuerpo sí

Hola Mujer Consciente…

Anoche me acosté con la sensación de no recordar nada.

Habíamos terminado el curso Autoescucha y, si alguien me hubiera preguntado qué me llevaba, no habría sabido responder. Ni una frase exacta. Ni una idea clara. Solo una especie de silencio denso, como cuando se apaga la música y el eco tarda en irse.

Y, sin embargo, el cuerpo sí recordaba.

La primera canción: todo de mí

Mientras la casa se iba quedando en penumbra, comenzó a sonar dentro de mí All of Me. No la busqué. No la pensé. Simplemente apareció.

“’Cause all of me loves all of you.”

Esa frase, todo de mí ama todo de ti, empezó a repetirse como una respiración lenta. La canción celebra las “perfectas imperfecciones” del otro. Y, tumbada en la oscuridad, sentí que no hablaba solo de pareja.

Tal vez el curso no iba de comprender, sino de permitir.

Permitir que todo de mí, lo afinado y lo torpe, lo claro y lo contradictorio, pueda ser amado sin correcciones. Quizá la autoescucha empieza ahí: cuando dejo de negociar conmigo misma.

Me dormí con esa melodía sosteniéndome.

Entre sueños y al despertar: promesa y elementos

En mitad de la noche, entre sueños, comenzó a sonar Te amaré (1984) de Miguel Bosé. Esa promesa que atraviesa circunstancias, tiempo y hasta la muerte. “Con la luz, con la sombra, con la duda o la fe.”

Me conmovió esa forma de amar que no depende del estado del día. Que no se retira cuando algo duele. Una carta escrita desde el corazón, sin condiciones pequeñas.

Y comprendí, sin palabras, que autoescucharme también es eso: quedarme. Amar lo que aparece en mí incluso cuando no me gusta. Sostener la presencia.

Desperté con otra música.

4 elementos de La Musicalité entró con la claridad de la mañana. Durante unos segundos, apenas un instante, podía escucharla junto a All of Me, como si dos planos se superpusieran.

La canción habla de conexión profunda, de entrega, de esa necesidad que parece elemental: fuego, aire, tierra, agua mezclándose en el pecho. De no poder negar lo que se siente. De cómo el otro se vuelve parte de uno.

Y al abrir los ojos entendí que quizá no hablaba solo de alguien externo.

Tal vez esa presencia que no puedo soltar soy yo.

No recuerdo qué se dijo en el curso Autoescucha.

Pero mi cuerpo ha compuesto su propia secuencia:
aceptación, promesa, unión.

Poco más puedo añadir.
La música ha hecho casi toda la tarea por mí.

Y yo me quedo aquí, todavía con la mañana entrando por la ventana, escuchando cómo algo en mí empieza a sonar diferente.

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.

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