Cuerpo
Hay días en los que no siento que esté empezando algo nuevo.
Siento, más bien, que algo en mí está dejando de insistir.
Como si el cuerpo, en silencio, ya supiera.
Esta primavera no llegó con entusiasmo.
Llegó con una especie de claridad incómoda.
De esas que no empujan… pero tampoco permiten seguir igual.
En la consulta, los procesos se están moviendo.
No hacia adelante exactamente.
Más bien… hacia el ahora.
Y eso, curiosamente, exige más que cualquier plan de futuro.
Porque estar en este año —en 2026—
no es solo una fecha.
Es una posición interna.
Es dejar de vivir desde lo que ya pasó
aunque todavía duela como si fuera reciente.
—
Hay algo que se repite en mí estos días.
Una frase, casi como un eco:
que se vaya lo que ya no sirve.
Y no lo siento como un acto brusco.
No hay rabia en eso.
Hay cansancio.
Cansancio de sostener lo que ya se estancó.
De justificar lo que el cuerpo ya rechazó hace tiempo.
De seguir dialogando con pensamientos que no son míos.
—
El detox no empezó como una decisión.
Empezó como una sensación en el pecho.
Una ligera presión…
como si algo necesitara más espacio.
Y entonces empecé a mirar.
No lo que quiero cambiar.
Sino lo que ya no puedo seguir viviendo.
—
El cuerpo habla primero.
El sistema nervioso se agota de anticipar.
El digestivo se cierra ante lo que no procesa.
El inmune se debilita cuando todo dentro está en conflicto.
La sangre… simplemente sigue circulando,
aunque cargue más de lo que debería.
Y ahí entendí que no se trataba de “limpiar”.
Sino de dejar de introducir lo que intoxica.
También en lo invisible.
—
Hay emociones que no son actuales
pero siguen reaccionando como si lo fueran.
Hay historias que ya terminaron
pero siguen ocupando espacio en la mente.
Hay vacíos que intenté llenar tantas veces
que terminé creyendo que eran parte de mí.
—
Este detox no tiene reglas estrictas.
No tiene calendario.
Tiene momentos.
Pequeños gestos donde algo se suelta…
sin ruido.
Como dejar de responder.
Como no volver a explicar.
Como no entrar otra vez en el mismo lugar interno.
—
No todo lo que se va duele.
Algunas cosas simplemente… descansan cuando se van.
Y en ese descanso
aparece algo más honesto.
No mejor.
No más brillante.
Solo… más mío.
—
No sé exactamente qué viene después.
No estoy buscando claridad total.
Solo estoy aprendiendo a reconocer
cuando algo ya terminó en mí.
Y a no retenerlo por costumbre.
—
Quizás de eso se trata este momento.
No de avanzar.
Sino de vaciar lo suficiente
como para poder estar aquí… sin carga.
Y ver, por primera vez en mucho tiempo,
qué queda cuando ya no sostengo nada que no soy.