Mujer de espaldas frente a una ventana con luz natural suave, en un interior minimalista y sereno, transmitiendo calma y presencia.

Si los ves, te ven: aprender a leer las señales desde el presente

Hola Mujer Consciente…

Hay días en los que todo parece querer decirte algo, sin hacerlo evidente. No es un mensaje claro ni una respuesta cerrada, sino una sucesión de pequeños gestos, coincidencias suaves, señales discretas. Cuando estás presente, las notas.

Cuando no, pasan igual… pero no te alcanzan.

Hay días en los que todo parece querer decirte algo

Hay momentos del año en los que la vida parece hablar en voz baja.
No para darte instrucciones, sino para recordarte algo que ya sabes.

Mires donde mires aparecen pequeñas señales, coincidencias, gestos mínimos
que apuntan en una misma dirección.
No porque el mundo haya cambiado, sino porque tu atención, por fin, está disponible.

Vivir en el presente no es una consigna espiritual ni un esfuerzo añadido.
Es, muchas veces, una cuestión de limpieza.

Cuando la mente está saturada de asuntos pendientes, ideas sin resolver
o historias que no terminan de cerrarse, la percepción se vuelve torpe.
Las señales siguen ahí, pero no encuentran espacio para llegar.

Con el tiempo se hace evidente que no puedes conservar lo que no te pertenece
por conciencia, ni perder aquello que has obtenido desde ese mismo lugar profundo.

Este principio actúa de forma silenciosa en todos los niveles de la vida.
Cuando enfocas cada día con atención, lo secundario empieza a ordenarse solo,
sin necesidad de controlar cada detalle.

Todo depende del ojo con el que miras.
No del ojo físico, sino de la percepción global desde la que interpretas la experiencia.

Aquello en lo que pones tu atención acaba gobernando tu vida.
Cuando ese ojo está sano, incluso lo incierto se vuelve habitable.
Cuando no, nada parece suficiente.

Enero abre un nuevo ciclo de luz.
De aquí al solsticio de verano, la claridad aumenta poco a poco,
y con ella crece también la conciencia personal,
el impulso de expresarse con más verdad y presencia.

No es un crecimiento brusco, sino orgánico,
como el de los árboles que avanzan hacia la luz
sin preguntarse si lo merecen.

Quizá por eso sobrecoge recordar que, en el fondo,
en el corazón más pequeño de la vida,
los árboles y nosotros somos esencialmente idénticos.

Compartimos ritmo, estructura y dirección.
Ver las señales no es aprender algo nuevo,
sino recordar cómo mirar.

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.

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