Mujer de espaldas sentada junto a una ventana en una habitación luminosa, con luz suave de invierno y tonos neutros, en un momento de pausa e introspección.

Invierno interior: volver a lo esencial y a mi verdad

Hola Mujer Consciente…

Hay años que no empiezan con fuegos artificiales.
Empiezan en voz baja.

Este es uno de ellos para mí. Sigo tomándole el pulso al nuevo año con calma, escuchando lo que aparece cuando no intento correr delante del tiempo. El invierno me recuerda que no todo tiene que ser color, ruido o impulso. Hay momentos, como este,  que se viven en blanco y negro.

El invierno como pausa necesaria

El invierno activa en mí un biorritmo antiguo, casi primario. Un tiempo de bebé. Un tiempo donde no hace falta demostrar nada, solo estar. Es una estación que me invita a interiorizarme, a bajar el volumen de lo externo y a escuchar con más atención lo que de verdad importa.

No para analizarlo todo, sino para reconocer mi propia verdad. Esa que no siempre coincide con lo que se espera de mí, pero que sostiene mi vida por dentro.

Elegir lo que permanece

En este tiempo me pregunto qué quiero mantener vivo. A qué le doy un “sí” real.
Y, al mismo tiempo, empiezo a soltar sin hacer ruido todo aquello que ya no quiero seguir viendo, hablando, opinando o sosteniendo.

No es un gesto radical. Es más bien un ajuste fino. El invierno hace eso: minimiza lo innecesario para que pueda dedicar mi energía a lo esencial.

El amor de mi vida

Y no, no es una metáfora

Cuando todo se aquieta, se vuelve evidente. El amor de mi vida soy yo, y también lo son las personas con las que comparto la risa cotidiana, la presencia sencilla, los momentos que no necesitan ser explicados.

Si algo de eso falta, si el disfrute no está, aquí y ahora, lo sé: toca pedir ayuda. No como un fracaso, sino como un acto de honestidad.

Ajustar el ritmo

El invierno pone a prueba mi chispa interior. Me doy cuenta al despertar, en la forma en que afronto los pequeños contratiempos del día, en la elasticidad, o no, de mi humor.

Esa chispa necesita ser real. No fabricada a base de estímulos externos, ni sostenida por prisas, café o escapes. Es una energía más sutil, más honesta, que solo aparece cuando respeto mi ritmo.

Pasado y presente en el mismo plano

En estos primeros meses del año, el pasado y el presente conviven. A veces se rozan, a veces se superponen. Y cuando puedo mirar atrás sin peso, incluso con cierta ligereza, entiendo algo importante: lo que ya puedo vivir como comedia, está integrado.

No todo necesita ser resuelto. Algunas cosas solo necesitan ser vistas sin dramatismo.

Dejar el futuro en blanco

No necesito tener todas las respuestas ahora.
No necesito escribir el futuro antes de tiempo.

Dejo que siga en blanco.
Porque cuando el espacio existe, algo nuevo siempre encuentra la forma de entrar.

Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.

Escritura consciente

Sobre la autora

Ana Ávila

Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.

Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.

Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.

Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.

Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.

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