
Mi Libre Canción . BY Ana Ávila
Escrito el 5 de junio de 2020. Revisado en 2026.
Hola, mujer consciente…
Hoy he despertado melancólica.
Así comenzaba este texto, escrito después de mi primer LIVE en redes sociales. La melancolía desapareció, pero al volver a leerlo reconozco lo que aquella mañana estaba tomando forma.
Aquel primer directo iba a ser algo parecido a una prueba de maquillaje, de audio… Una manera de familiarizarme con el espacio. Sin embargo, después me quedé pensando en el fondo de lo que había emergido durante la charla: la identidad de la mujer en el siglo XXI.
Algo había encontrado su voz en directo. Y, al día siguiente, necesitaba escucharlo por escrito.
La Ana que todavía no conocía
Vivimos en infinitas dimensiones.
La Ana de los LIVE, aunque lo parezca, no es exactamente la misma que esta que escribe o la que habla en consulta. En cada espacio aparece una forma de estar, de mirar, de decir. Me reconozco en todas y, aun así, alguna consigue sorprenderme.
Eso ocurrió aquella vez.
La conversación había terminado, pero una parte de mí seguía allí, tratando de comprender lo que acababa de escuchar en mi propia voz.
Pensaba en la libertad femenina y en nuestros vínculos. En la relación con nuestras madres, hijas, hermanas, compañeras, vecinas… En cuánto de nuestra vida se juega en esos encuentros y en lo que seguimos llevando de ellos cuando estamos solas.
Me preguntaba qué libertad estaba nombrando y cómo la vivía yo.
Un futuro donde quepa el corazón
Mujer consciente, detente un momento en esta palabra: FUTURO.
¿Qué has pensado al leerla?
¿Un trabajo? ¿Una profesión? ¿Estabilidad económica? ¿La posibilidad de decidir sobre tu propia vida?
Todo eso tiene un lugar. Lo conozco y lo valoro. Pero aquella mañana me preguntaba también por la vida que íbamos construyendo mientras tratábamos de asegurarla.
Por el gozo. Por la confianza. Por la posibilidad de descansar junto a alguien sin tener que defendernos.
Cuando pienso en una mujer hermosa, aparece esa hermosura que puede seguir ahí con los años, las arrugas y las canas. Una manera de habitarse que me conmueve. La palabra «hermosura» me lleva a esa experiencia, íntima y difícil de explicar, que a veces reconocemos en una presencia.
Y al pensar en mis vínculos, en lo que había necesitado comprender y cuidar, sentía que algo de mi propia libertad estaba creciendo con ellos.
Una música abre la ventana
Entonces dejé de escribir.
En Radio Clásica estaba sonando una música y mi corazón se desbordó. Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
Busqué su historia. Encontré que aquel canto hablaba del gozo de la naturaleza ante el nacimiento del niño Jesús. Y, en ese lenguaje holográfico con el que a veces leo lo que me sucede, la imagen adquirió un sentido muy íntimo:
TODO MI SER LLORA DE ALEGRÍA PORQUE HA NACIDO UN NUEVO «YO».
Eso sentí.
La música seguía sonando y yo seguía escribiendo, con esa mezcla de llanto y alegría que necesita un poco de tiempo para posarse.
Pensé que publicaría el texto, cerraría la semana laboral y me recogería un rato. Quería acunarme. Dejar que aquel mar de nuevas emociones encontrara su lugar.
Veinte años en una canción
Pero la historia no acabó ahí.
Al escribir «un mar de emociones», mi mente abrió otra ventana y me llevó veinte años atrás.
Volvió a mí una charla que di en un hotel de Valencia, en un cierre de etapa. Había llegado con un radiocasete y una canción que durante muchos años había sentido como un himno: Mi libre canción.
Y de nuevo la plorera, derramándose como un dulce manantial…
La víspera, después del LIVE, mi compañero me había dicho que algo en mí le había recordado a la Ana de hacía veinte años.
Al escucharlo pensé que seguramente sería así. Ahora, mientras escribía, aquel comentario encontraba más profundidad.
Recordé el sentimiento que nos había llevado a cerrar una etapa. A dejar atrás tiempos y espacios seguros para adentrarnos en un viaje hacia la libertad interior y exterior.
Veinte años después, tenía la sensación de que algo de aquella decisión empezaba a dar sus frutos.
Lo que tarda en encontrar su voz
Hay decisiones cuyo alcance vamos comprendiendo con los años. En el momento de tomarlas conocemos una parte: el deseo, la necesidad de movernos, lo que ya no podemos seguir sosteniendo. Después llega la vida y nos va mostrando lo que aquella elección contenía.
Aquella mañana se encontraron el primer directo, una música en la radio, las palabras de mi compañero y la memoria de una mujer que había llegado a un hotel con su radiocasete.
Yo había sido esa mujer. Seguía reconociendo su anhelo.
Quizá por eso lloraba con tanta alegría. Porque podía sentir la continuidad de aquel viaje en algo que acababa de comenzar.
Mi libre canción.
Volví a su título y dejé que me acompañara un rato más.
Bendita sea la vida en su inmensa sabiduría.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.
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