Hacerse presente: la crisis que me obligó a volver a mí
Hola Mujer Consciente…
A veces no es un gran acontecimiento lo que nos cambia la vida, sino un cansancio que se va acumulando en silencio. Una sensación difícil de explicar, pero imposible de ignorar. Sigues haciendo lo que “toca”, cumpliendo, sosteniendo… hasta que algo dentro de ti empieza a pedir otra cosa.
No siempre sabemos ponerle nombre. Solo sentimos que ya no podemos seguir igual. El cuerpo se tensa, la emoción aparece sin aviso y la mente busca respuestas que no llegan. Y entonces surge la pregunta que marca un antes y un después: ¿qué pasaría si, en lugar de seguir hacia fuera, me atreviera a volver a mí?
Este texto no pretende dar respuestas rápidas. Es una invitación a parar, a escuchar y a reconocer que, a veces, las crisis no vienen a rompernos, sino a recordarnos quiénes somos cuando nos hacemos verdaderamente presentes.
Hubo un momento en el que ya no pude seguir igual
No ocurrió de golpe.
Fue más bien un desgaste silencioso.
Por fuera todo parecía estar bien, incluso tenía motivos para sentirme agradecida. Pero por dentro algo no encajaba. El cuerpo empezó a tensarse, el cansancio se volvió constante y la emoción aparecía sin aviso.
Recuerdo pensar: “no puede ser ahora”.
Intenté seguir, como tantas veces antes. Aguantar un poco más. No escuchar demasiado.
Hasta que el cuerpo decidió hablar más alto que mi mente.
Cuando el cuerpo te detiene
No fue una elección consciente.
Fue una crisis.
Una de esas que no puedes ignorar, porque ya no responde a la fuerza de voluntad. Una de esas que te deja sin respuestas y te obliga a parar.
Al principio sentí miedo. Después frustración.
Y, más tarde, una pregunta que lo cambió todo:
¿Y si esto no viene a romperme, sino a mostrarme algo que llevo tiempo evitando?
Ahí empezó, sin saberlo, mi proceso de hacerme presente.
Hacerse presente no fue bonito… fue real
Hacerse presente no fue paz inmediata ni claridad.
Fue sentarme conmigo cuando no quería hacerlo.
Fue sentir el nudo en el estómago sin distraerme.
Fue reconocer emociones que había aprendido a callar.
Fue aceptar que no podía seguir viviendo desconectada de mí.
Por primera vez dejé de preguntarme cómo salir de la crisis y empecé a preguntarme qué necesitaba escuchar.
La crisis como reorganización interna
Con el tiempo entendí que no estaba “fallando”.
Mi sistema estaba reorganizándose.
Emergieron memorias antiguas, patrones que ya no me servían, exigencias que no eran mías. Todo aquello que había sostenido durante años empezó a pedir espacio para ser visto.
La crisis no era el problema.
Era el lenguaje que mi cuerpo había encontrado para devolverme a mí.
Aprender a escuchar mi propio ritmo
Una de las lecciones más profundas fue aceptar que no había prisa.
Que sanar no es correr hacia adelante, sino permitirse sentir.
Dejé de exigirme estar bien.
Empecé a acompañarme.
Escuchar mi ritmo fue un acto radical de amor propio. Descansar cuando el cuerpo lo pedía. Decir no. Dejar de justificarme. Confiar.
Y poco a poco, algo empezó a asentarse.
Cuando dejas de resistir, algo se abre
La resistencia agotaba.
La presencia sostenía.
Cuando dejé de pelear con lo que me pasaba, la crisis dejó de sentirse como una amenaza. Seguía siendo intensa, sí, pero ya no estaba sola frente a ella.
Estaba conmigo.
Y eso lo cambió todo.
Cierre: volver a casa
Hoy sé que aquella crisis fue una puerta.
Incómoda, inesperada, necesaria.
Hacerse presente no es un destino al que se llega, es una práctica diaria. Es volver una y otra vez al cuerpo, a la emoción, a la verdad interna.
Si estás atravesando un momento parecido, quiero que sepas algo:
no estás rota. Estás despertando.
🌿 Si sientes que necesitas acompañamiento, puedes pedir cita para una sesión, compartir tu experiencia en los comentarios o enviar este texto a alguien que quizá también necesite volver a sí.
A veces, estar presente es el primer acto de sanación.
FAQs
¿Qué es una crisis curativa?
Es un proceso en el que el cuerpo y las emociones liberan lo que ya no puede seguir sosteniéndose, para recuperar equilibrio y coherencia.
¿Por qué aparecen en momentos importantes de la vida?
Porque son etapas de apertura en las que el sistema interno está más disponible para reorganizarse.
¿Qué puedo hacer si estoy en medio de una crisis?
Bajar el ritmo, escuchar el cuerpo y buscar acompañamiento si lo necesitas. No tienes que hacerlo solo.
¿Cuánto dura una crisis curativa?
No hay tiempos estándar. Cada proceso es único y necesita respeto y presencia.
Hacerse presente
Publicado el 15 octubre, 2020 ·
Hoy me hago presente.
Hubo una crisis que me atravesó. No fue algo que hice. Fue algo que me pasó.
Ocurrió en octubre, cuando todo se vuelve más lento, más adentro. Cada otoño trae un tirón hacia lo que importa.
En ese tiempo mi cuerpo habló con una voz que no conocía.
No quiero explicar lo que pasó. Quiero dejarlo aquí, tal como lo viví: sensaciones que fueron más fuertes que cualquier palabra.
Hubo dolor. Hubo quietud. Hubo movimiento que no entendía.
Cada gesto del cuerpo parecía liberar lo que yo no sabía que estaba guardado.
Había una presencia en cada latido, una calma sostenida en medio de la intensidad.
Miré hacia dentro sin buscar nada. Solo estuve.
Hubo un momento en que la tensión cedió. No fue triunfo. Fue soltura.
Al despertar, todo era un poco más claro. No porque algo se “arregló”, sino porque algo se volvió disponible para sentir.
La vida siguió, con más suavidad en el paso, con más atención sin esfuerzo.
No sé qué habría ocurrido si hubiera evitado escuchar. Prefiero dejar la pregunta sin respuesta.
Preguntas
¿Qué es una crisis curativa?
Un movimiento profundo y silencioso del cuerpo.
¿Duele?
A veces. A veces no.
¿Es enfermedad?
No exactamente. Es presencia.
¿Solo en mujeres?
No. Puede pasar en muchas formas.
¿Se puede evitar?
No es eso. Se deja sentir.
Ana Ávila

