
La mujer que un día dejó de sangrar
Hola Mujer Consciente…
Hay edades en las que una empieza a escuchar el cuerpo de otra manera.
No porque duela.
No porque falle.Sino porque deja de correr detrás de todo.
Y entonces aparecen preguntas que antes no tenían espacio.
Qué queda de una mujer cuando deja de sostener constantemente.
Qué parte de sí misma quedó esperando durante años.
Qué sucede cuando la energía deja de ir siempre hacia afuera.Quizás la menopausia no sea el final de algo.
Quizás sea el momento en que una mujer comienza, lentamente, a regresar.
El cuerpo empieza a retirarse antes que la mente
A mis cuarenta y tantos empecé a sentirlo así.
No era tristeza.
Tampoco cansancio.
Era más parecido a una retirada lenta. Como si algo dentro de mí hubiera comenzado a recoger sus cosas.
Durante años viví orientada hacia afuera. Hacia el amor, hacia los vínculos, hacia sostener. Incluso cuando estaba sola había una parte de mí disponible para alguien más. Como si el cuerpo permaneciera atento. Preparado. Abierto.
No sabía hasta qué punto eso también era biología.
Leí entonces las palabras de una mujer que hablaba de la energía núbil. Y algo en mí se acomodó. No porque necesitara creerlo todo literalmente, sino porque reconocí la sensación profunda de haber vivido durante décadas bajo un movimiento que me atravesaba sin pedirme permiso.
El ciclo.
La espera.
La subida y la bajada.
La entrega constante de energía.
Pensé en todas las veces que sentí culpa por necesitar descanso. En todas las veces que creí que estaba rota simplemente porque mi cuerpo cambiaba de ritmo cada mes.
Nadie nos enseña a mirar nuestra vida como una sucesión de estaciones. Nos enseñan a sostener el mismo rendimiento siempre. La misma disponibilidad. La misma juventud emocional.
Pero el cuerpo no funciona así.
El cuerpo sabe retirarse antes que la mente.
La energía que durante años se derramó hacia afuera
Y quizás por eso la menopausia me dejó de parecer una pérdida.
Empezó a parecerme un regreso.
No un regreso a quien fui de joven.
Sino a alguien más antigua.
Más cercana a mí.
Hay una frase que se quedó días enteros dentro de mí:
“La herida se cerró y ya no sangra más.”
La leí varias veces.
Sentí algo extraño. Como alivio. Como si una parte muy profunda de la vida femenina hubiera estado siempre ligada a una forma silenciosa de desgaste que nunca aprendimos a nombrar sin vergüenza.
Pensé en mis abuelas. En cómo ellas recibían la menopausia casi con gratitud. No porque la vida hubiera sido fácil, sino precisamente porque conocían el peso de sangrar durante tantos años.
Nosotras, en cambio, crecimos temiendo desaparecer.
Como si dejar de menstruar fuera dejar de existir para el mundo.
Y sin embargo empiezo a sospechar otra cosa.
Tal vez hay una etapa en la vida de la mujer donde la energía deja de derramarse hacia afuera y comienza, lentamente, a quedarse en casa.
En una misma.
No para encerrarse.
No para endurecerse.
Sino para habitarse por fin.
Aprender a quedarse dentro de una misma
A veces imagino ese tránsito como una casa al atardecer.
La cocina ya está recogida.
Las puertas siguen abiertas pero nadie exige nada.
Y una mujer se sienta sola frente a una ventana sin sentir culpa por ello.
No necesita ser mirada.
No necesita demostrar fertilidad, belleza ni deseo.
Respira.
Y por primera vez en muchos años, toda su energía permanece dentro de su propio cuerpo.
Quizás la menopausia también sea eso.
La lenta recuperación de una mujer para sí misma.
No una juventud perdida.
Sino una presencia recuperada.
Cuando la energía por fin se queda en casa
Hay algo profundamente conmovedor en imaginar que después de tantos años entregando sangre, atención, tiempo y cuerpo, exista una etapa destinada únicamente a aprender a permanecer.
A quedarse.
A no irse más de una misma.
Porque tal vez madurar no consiste en endurecerse.
Tal vez consiste en dejar de perseguirse.
Y descansar, por fin, dentro de la mujer que una ha llegado a ser.
Quizás cada etapa del cuerpo guarda una forma distinta de volver a casa.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.




