
La Única Dieta. Nutrición y conciencia
Hola, Mujer consciente…
Hoy, ordenando cajones, he encontrado un pequeño cuadernillo que preparé hace muchos años a partir de un libro que entonces me acompañó mucho: La única dieta, de Sondra Ray.
Lo he reconocido enseguida.
Las hojas, mis anotaciones, aquella manera de guardar palabras que no quería olvidar.
Y he vuelto a hojearlo.
Hay libros que pertenecen mucho al momento en que llegan a nuestra vida. Quizá años después ya no leeríamos de la misma manera algunas de sus afirmaciones. Quizá incluso habría cosas que miraríamos con cierta distancia.
Pero permanece aquello que un día vimos gracias a ellos.
Y eso es lo que me ha ocurrido hoy.
Lo que todavía permanece
Durante mucho tiempo hemos recibido una cantidad enorme de información sobre alimentación, dietas, peso, cuerpos, alimentos permitidos y prohibidos.
Qué comer.
Qué evitar.
Cuánto.
Cuándo.
Qué engorda y qué adelgaza.
Y, en medio de todo ese ruido, recuerdo que este libro me llevó a mirar hacia otro lugar.
No tanto hacia el alimento como hacia la relación que yo establecía con él.
Hacia lo que pensaba mientras comía.
Hacia la culpa.
El miedo.
La exigencia.
La forma en que miraba mi cuerpo.
Eso fue lo que quedó en mí.
«Es un estado de la mente»
Hay una frase del libro que, tantos años después, sigo recordando:
«Es un estado de la mente.»
No necesito tomarla literalmente para reconocer lo que abrió entonces en mí.
El libro plantea ideas sobre la alimentación, el pensamiento y el cuerpo que pertenecen a su particular visión espiritual y que yo hoy no leería como explicaciones científicas sobre cómo funciona la nutrición.
Pero aquella lectura me dejó una pregunta que todavía siento viva:
¿Desde qué lugar me alimento?
Porque una misma comida puede estar rodeada de miedo o de tranquilidad.
Puede estar llena de normas, cálculos y culpa.
O puede formar parte, sencillamente, de la vida.
Y eso sí lo reconozco en mi propia experiencia.
Demasiada información
Quizá por eso guardé aquel cuadernillo.
Durante años fue una especie de pequeño antídoto frente al exceso de información.
Cuando aparecía una nueva dieta, una nueva prohibición, una nueva teoría asegurándome qué debía hacer con mi cuerpo, volver a aquellas páginas me recordaba algo mucho más sencillo:
escucharme.
No para convertir la escucha en otra regla.
Ni para pensar que el cuerpo depende únicamente de nuestros pensamientos.
Sino para recordar que también importa cómo vivimos dentro de él.
Cómo nos hablamos.
Cómo nos sentamos a la mesa.
Cuánta tensión llevamos con nosotras.
Cuánto miedo.
Cuánto juicio.
Y cuánto espacio dejamos para el placer sencillo de alimentarnos.
Volver a un libro muchos años después
Hoy no sé si recomendaría este libro de la misma manera que lo habría hecho entonces.
Y me gusta reconocerlo.
No necesito estar de acuerdo con cada una de sus páginas para agradecer lo que despertó en mí.
Tal vez también crecer sea eso.
Volver a las cosas que un día nos acompañaron y descubrir que algunas quedaron atrás, mientras otras encontraron silenciosamente un lugar dentro de nosotras.
He cerrado el cuadernillo y lo he vuelto a guardar.
No porque necesite recordar ninguna dieta.
Sino porque, al encontrarlo, he recordado a la mujer que fui cuando aquellas palabras llegaron hasta mí.
Y durante unos minutos he podido sentirla todavía aquí.
Le pregunté qué había, aprendido sobre la dieta «adecuada». Reflexionó un instante y me dijo: «Es un estado de la mente.» Su teoría era que cuando uno come una zanahoria no son las células de zanahoria las que se transmutan en nuestro cuerpo para, convertirse en materia viviente. Sobre la base de su experiencia con las manzanas pensaba que el alimento que ingerirnos pone nuestros sistemas en sinfonía con un código vibratorio. Entonces absorbemos energía vital pura a través de la respiración y creamos nuevos tejidos sobre la base directa del pensamiento. La zanahoria o manzana sirve a modo de auxiliar catalítico.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.
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