
Con el viento: sostenibilidad personal y equilibrio emocional | Día Mundial de la Eficiencia Energética

Con el viento
Hola, mujer consciente…
“Bueno, hace viento aquí… ¿Por qué no aprovecharlo?”
Escuchar esa frase al inicio de la película Con el viento fue suficiente para que empezaran a formarse en mi cabeza las primeras líneas de este texto.
Algo en esa sencillez, el viento como oportunidad, me llevó, casi sin querer, a pensar en la sostenibilidad personal y en esa felicidad que tantas veces perseguimos como si estuviera en otra parte.Y quizá no sea casual que hoy, 5 de marzo, se celebre el Día Mundial de la Eficiencia Energética.
Una fecha que suele hablar de tecnología, de consumo responsable, de edificios mejor aislados. Pero que, al menos para mí, también abre otra pregunta más silenciosa: cómo gestionamos la energía que habita dentro de nosotras.
¿Qué es la sostenibilidad personal?
La sostenibilidad personal es la capacidad de gestionar nuestra energía física, emocional y mental de forma equilibrada. Igual que buscamos eficiencia energética en la tecnología, también podemos aprender a cuidar la energía interior para vivir con más bienestar y menos desgaste.
Libres para alzar el vuelo
A menudo imagino a cada persona con su propio molino de viento en el corazón —o quizá en los pulmones—.
Con pequeñas placas solares en el cabello.
Con una discreta caldera de biomasa en los intestinos.
Un sistema energético íntimo, propio.
Cuando lo imagino así, la persona aparece libre. Libre para alzar el vuelo por sí misma. Con energía para sostener sus ideas, para moverse por la vida con impulso propio y, a veces, incluso con excedentes que pueden compartirse con el resto del sistema a través de una profesión, de un proyecto, de un gesto humano.
Una persona liberada aprende, poco a poco, a transformar sus emociones negativas en fuerza y en energía para avanzar.
Asumir y aceptar
No todo el mundo comprende que la verdadera liberación empieza cuando se asume algo sencillo y difícil al mismo tiempo:
que casi nada es personal.
El otro, quien sea, aparece muchas veces en nuestra vida para remover la conciencia. Para señalar tanto lo luminoso como lo incómodo.
Aceptar esto cambia el modo de caminar por el mundo.
Educar en libertad
La mejor educación que conozco es aquella que te enseña a neutralizar, de forma razonable, cualquier reacción negativa sin culpar al otro.
Sin convertir al otro en responsable de lo que ocurre dentro de ti.
Cuando los hijos crecen con esa forma de mirar la vida, suelen convertirse en adultos autónomos. Personas que saben sostenerse y que, llegado el momento, apenas generan conflicto en su entorno.
¿Qué hay para cenar?
Hace poco nos reíamos en casa recordando la última etapa de convivencia con una de nuestras hijas antes de que volara del nido.
Nuestra interacción diaria se había reducido a algo muy concreto:
—¿Qué hay para cenar?
—¿Cuándo estará la cena?
Todo lo demás lo gestionaba ella. Su vida, su organización, sus decisiones. Con una eficiencia tranquila que había ido aprendiendo, más por ejemplo que por discurso.
Ecoeficiencia personal
Cuando comenzó su vida laboral ya administraba su mantenimiento cotidiano: habitación, gastos, responsabilidades. Algo natural cuando conviven adultos.
Pero también gestionaba su equilibrio emocional.
Salvo aquellas cuestiones que necesitaban ser habladas entre todos, lo demás lo sostenía ella misma.
En casa siempre hemos valorado algo por encima de todo:
el equilibrio diario de las emociones y la capacidad de avanzar en lo personal y en lo profesional sin malos rollos.
Sin dejar residuos negativos ni en una misma ni en los demás.
Ese ha sido siempre nuestro marcador invisible. El verdadero umbral de la mayoría de edad, más allá de los años que figuran en el DNI.
Cuando la vida se vuelve sencilla
Hubo un momento, observando todo esto, en el que sentí que algo que llevaba años explicando, en consulta, en mis textos sobre equilibrio emocional, empezaba a hacerse realidad delante de mí.
Cuando la mente está bien programada, el cuerpo casi camina solo.
Solo necesita una nutrición adecuada y un ritmo alineado con los biorritmos de las estaciones.
La mente, en cambio, necesita ejercicio:
un trabajo que dialogue con la profesión que eliges, con la edad que tienes, con tu propio cuerpo.
Integrar esto también forma parte de una educación sostenible.
Vivir en modo futuro
Una persona interiormente liberada apenas “da trabajo” al cuerpo.
Y el cuerpo responde con la misma moneda.
El mantenimiento personal se vuelve casi automático.
Domótico, por decirlo con una palabra que suena a futuro.
Poco a poco estamos construyendo un mundo en el que la energía de nuestra tecnología se produce de forma sostenible.
Quizá también estemos aprendiendo a construir una vida más humana, donde el desgaste de compensar emociones negativas sea cada vez menor.
Una vida donde la energía que nos mueve provenga, sobre todo, de hábitos saludables.
Bienvenida al siglo XXI, mujer consciente.
«Solo una parte de nosotros está sana: solo una parte de nosotros ama el placer y el día más largo de la felicidad, quiere vivir hasta los noventa años y morir en paz, en una casa que construimos, que cobije a los que vienen después de nosotros.
La otra mitad de nosotros está casi loca. Prefiere lo desagradable a lo agradable, ama el dolor y su noche más oscura, la desesperación, y quiere morir en una catástrofe que devuelva la vida a sus comienzos y no deje nada de nuestra casa salvo sus cimientos ennegrecidos».
Rebecca West
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Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.



