
SERIE · CUANDO EMPIEZAS A ESCUCHARTE
03
Lo que el cuerpo me ha enseñado viendo a las personas
Tercera reflexión sobre la escucha del cuerpo
Algunas de las cosas más importantes que he aprendido sobre escuchar el cuerpo no están en los libros. Están en las personas y en lo que sus procesos emocionales y físicos intentan mostrar cuando alguien empieza a mirarse de verdad.
Están en las personas.
Lo que el cuerpo me ha enseñado viendo a las personas
Hay algo que he podido comprobar muchas veces:
en un organismo vivo, el impulso profundo no es morir.
Es vivir.
A veces lo olvidamos porque el dolor puede ser muy intenso. Porque el miedo puede ser muy grande. Porque hay momentos en que una persona parece haber perdido completamente la fuerza.
Pero incluso ahí, cuando logramos que la persona deje de luchar contra su síntoma y empiece a escucharlo, algo cambia.
Cuando el síntoma deja de ser un enemigo
He visto síntomas suavizarse simplemente cuando dejan de ser tratados como enemigos. Cuando dejan de estar fuera y empiezan a ser reconocidos como parte de la propia historia.
He visto también el miedo más profundo:
el miedo a vivir.
El momento en que aparece el deseo de vivir
Recuerdo especialmente el caso de una mujer joven con una diabetes muy descompensada. Su madre había muerto muy joven de la misma enfermedad. Ella hablaba de su madre con un amor enorme, casi idealizado.
Cuando empezó el diálogo apareció algo inesperado.
Como si una parte de ella también quisiera irse.
Hubo un momento muy intenso. Su respiración se volvió difícil. Su cuerpo parecía ir hacia el mismo lugar que su madre.
Y de pronto, en medio de ese proceso, apareció algo completamente distinto.
Un gesto.
Un empuje.
Un grito que todavía recuerdo:
déjame vivir.
Y ahí estaba.
No el deseo de morir.
El deseo de vivir.
Lo que he comprendido sobre la depresión
También he visto muchas veces cómo la depresión no es solo tristeza.
La tristeza se mueve. Va y viene entre pasado y futuro.
La depresión en cambio parece detener el tiempo.
Y muchas veces, detrás de esa depresión, aparece otra parte menos visible: la parte omnipotente. La que pudo con todo. La que no conocía límites. La que no sabía parar.
Cuando esa parte se rompe, aparece el otro extremo.
Y el trabajo muchas veces consiste simplemente en ayudar a que esas dos partes puedan reconocerse sin destruirse.
Los límites también sostienen la vida
He visto también algo que me marcó profundamente:
personas muy formadas, muy preparadas, completamente paralizadas ante situaciones básicas de la vida.
Ahí comprendí algo que no he olvidado:
hemos aprendido muchas cosas…
pero no siempre las que sostienen la vida.
El diálogo con el cuerpo cambia la relación
Con los años también he dejado de ver el cuerpo como algo separado de la persona.
Cuando trabajamos con alguien y le ayudamos a escuchar a un órgano enfermo, algo muy humano ocurre.
La persona deja de pelear.
Empieza a relacionarse.
Y a veces eso ya es el comienzo de un cambio.
No siempre inmediato.
No siempre espectacular.
Pero sí más verdadero.
Lo que sigo viendo después de muchos años
Después de muchos años viendo procesos humanos he dejado de creer en soluciones rápidas.
Creo más en los pequeños momentos en los que una persona empieza a verse con un poco más de verdad.
Ahí suele empezar todo lo demás.
Quizás por eso sigo haciendo este trabajo.
Porque cuando una persona empieza realmente a escucharse…
algo en ella deja de sentirse sola.
Estas tres reflexiones nacen de algo muy sencillo que he podido observar durante años:
cuando dejamos de ignorar lo que sentimos, el cuerpo deja de tener que gritar.
Si quieres leer este recorrido completo, puedes encontrar la serie reunida aquí:
← Ver la serie completa sobre escuchar el cuerpo
Esta reflexión forma parte de una serie sobre la importancia de escuchar el cuerpo y comprender el mensaje que muchas veces se expresa a través de los síntomas y las emociones.
— Ana Ávila
Escribo desde lo que he aprendido acompañando procesos humanos
y de lo que el cuerpo muestra cuando empezamos a escucharlo.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.
Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.
—
Este texto forma parte del universo literario de Ana Ávila.Escritura consciente
Sobre la autora
Escribe sobre los umbrales de la vida y los procesos en los que una mujer deja atrás una identidad para comenzar otra forma más consciente de estar en el mundo.
Su obra explora los momentos silenciosos de transformación personal: cuando el pasado encuentra su lugar, cuando las referencias cambian y cuando una mujer aprende a regresar a sí misma.
Autora de El Cuento de Lúa.
Amazonas. Conciencia de género más allá de la identidad,
y Viajeras del Umbral.
Su escritura nace de la experiencia y de la observación de los procesos reales de transformación interior.
Quizá volver a una misma nunca fue un destino.
Quizá siempre fue el camino.




